Poemas de amor de Gustavo Adolfo Bécquer. Poemas románticos
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Selección de los mejores poemas de amor de Gustavo Adolfo Bécquer.  Escucha sus mejores poemas de amor

 Volverán las oscuras golondrinas
 

Dos rojas lenguas de fuego
 
La noche envuelve

Sobre la falda

 

Poemas

 

Tu pupila es azul.
 
Cuando
 

Habrá Poesía

 Asomaba a sus ojos Duerme  RIMA XXXII. Pasaba
 

Dos rojas lenguas de fuego

 

Rima XLIV. Libro abierto

 

    RIMA XVIII. Fatigada

 

    RIMA LVI. Hoy

 

Los suspiros
 

RIMA XI. Soy ardiente

 

 

Escucha una selección de poesías y rimas de amor de Gustavo Adolfo Bécquer

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Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer.  Rima XI recitada por Jesús Ángel Morato

 
 
 
 

 

Selección de los mejores poemas de amor de Gustavo Adolfo Bécquer. Escucha sus mejores poemas de amor

 

Volverán las oscuras golondrinas

 

 Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.


Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...

¡esas... no volverán!.


Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.


Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

¡esas... no volverán!


Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.


Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido...; desengáñate,

¡así... no te querrán!


Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer.

Rima XLIV

 

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... y también lloro.

 

Poema romántico de Gustavo Adolfo Bécquer
 

 

XXIV. Dos rojas lenguas de fuego. Edición 2003




Dos rojas lenguas de fuego

que, a un mismo tronco enlazadas,

se aproximan, y al besarse

forman una sola llama;

dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan;

dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que al romper se coronan

con un penacho de plata;

dos jirones de vapor

que del lago se levantan

y al juntarse allá en el cielo

forman una nube blanca;

dos ideas que al par brotan,

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.

 

Poema romántico de Gustavo Adolfo Bécquer
 

 

 

 

 

 

Volverán las oscuras golondrinas

 

 

 

Rima XLIV

 

 

 

XXIV. Dos rojas lenguas de fuego. Edición 2003

 
 
 
   

 

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Sobre la falda

Sobre la falda tenía
el libro abierto;
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros.
No veíamos las letras
ninguno creo;
mas guardábamos ambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.

Gustavo A. Bécquer, poema de amor.

 

 

Rima XXV


Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto posea:
¡la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo:
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.

Gustavo Adolfo Bécquer, poema de amor

 

Poemas
 

Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.


¿Cómo vive esa rosa que ha prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en la tierra
sobre el volcán la flor.



Mi vida es un erial;
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

De lo poco en la vida que me resta
diera con gusto los mejores años
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y esta vida mortal y de la eterna,
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

 

Gustavo Adolfo Bécquer, poema de amor

 

 

 

 

Sobre la falda

 
 
 


 

 

Rima XXV

 
 
Poemas  

 

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Tu pupila es azul. Rima XIII

Tu pupila es azul. Rima XIII


 

Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece, en el cielo de la tarde,
¡una perdida estrella!

 

Poema de amor de Gustavo A. Bécquer

 

 

 Asomaba a sus ojos. RIMA XXX



 

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?

 

Poema de amor de Gustavo A. Bécquer

 

 

 

 Rima XXV. Cuando en la noche te envuelven:



Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto posea:
¡la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo:
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.
 

Poema de amor de Gustavo A. Bécquer

 

 Asomaba a sus ojos. RIMA XXX

 

 Rima XXV. Cuando en la noche te envuelven:

 
   
   
 
 
 
 
   

 

 

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  RIMA IV. Habrá poesía.

  RIMA IV. Habrá poesía.



No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

 

Poema de amor de Gustavo A. Bécquer

 

Duerme 
 RIMA XXVII
 



Despierta, tiemblo al mirarte;
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo mientras tú duermes.

Despierta, ríes, y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja un sol que muere.
¡Duerme!

Despierta, miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida,
tranquilo fulgor vierten,
cual derrama de luz, templado rayo,
lámpara transparente.
¡Duerme!

Despierta, hablas y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.
¡Duerme!

Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y de la noche
turbe la calma solemne.

De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.
¡Duerme!

 

Poema de amor de Gustavo A. Bécquer

 

 RIMA XXXII



Pasaba arrolladora en su hermosura
y el paso le dejé;
ni aun a mirarla me volví y, no obstante,
algo a mi oído murmuró: —Esa es.

¿Quién reunió la tarde a la mañana?
Lo ignoro; sólo sé
que en una breve noche de verano
se unieron los crepúsculos, y... fue.


Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer
 

 

 

 

 
Duerme 
 RIMA XXVII
 

 RIMA XXXII


 
   
   
 
 
 
 
   

 

 

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Dos rojas lenguas de fuego

RIMA XXIV

Dos rojas lenguas de fuego

RIMA XXIV

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y, al besarse,
forman una sola llama.

Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.

Dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y, al juntarse allá en el cielo,
forman una nube blanca.

Dos ideas que al par brotan;
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden;
eso son nuestras dos almas.

 

Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer

 

Rima XI

 

—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú

Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

    Rima XVIII

 

   Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
  apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo.

  Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
  una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.

  Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
  tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.

  ¡Oh, quién así —pensaba—
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh, si las flores duermen,
  qué dulcísimo sueño!

 

Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

RIMA XI

 

    RIMA XVIII

 

 
   
   
 
 
 
 
   

 

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    Rima LVI

    Rima LVI

 

  Hoy como ayer, mañana como hoy,
        ¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
        y andar... andar.

Moviéndose a compás, como una estúpida
        máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
        dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
        buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
        ignorando por qué.

Voz que, incesante, con el mismo tono,
        canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
        y cae, sin cesar.

Así van deslizándose los días,
        unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
        sin gozo ni dolor.

¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
        del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
        padecer es vivir!

 

Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer

 

Los suspiros
 

   Rima XXXVIII

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
        ¿sabes tú adónde va?

 

 

Poema de amor de Gustavo Adolfo Bécquer.
 

 

 

 

 

 

 

 

Los suspiros
 

 
   
   
   
 
 
 
 
   

 

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Dos rojas lenguas de fuego

 

Rima XLIV. Libro abierto

 

    RIMA XVIII. Fatigada

 

    RIMA LVI. Hoy

 

Los suspiros
 

RIMA XI. Soy ardiente

 

 

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